domingo, 9 de agosto de 2015

ANTES DEL FUEGO...CINE COLOMBIANO



ANTES DEL FUEGO...CINE COLOMBIANO

Por: Carlos Alberto Campos



Laura Mora
(imagen de ficcifestival.com)
Antes del fuego es una película colombiana  y al mismo tiempo es una invitación a tratar de entender, en medio de diferentes y confusas versiones, la realidad que hizo posible el crimen que sacudió al país hace ya casi 30 años: la toma y la retoma del palacio de justicia. Conocer e interpretar por qué la desinformación a veces fundamenta la versión oficial de lo que pasa en Colombia, es una de las tareas de este relato audiovisual de la joven directora Laura Mora y de la productora Laberinto.

(imagen de gustavoforeroquintero.com) 
Los hechos del Palacio de Justicia, sucedidos el 6 de noviembre de 1985 y atribuidos a un comando armado del movimiento insurgente M-19, han despertado durante años todo tipo de reacciones y señalamientos. Algunas personas cuestionan el accionar de la fuerza pública para frenar el asalto y tomar el control del lugar, y otros, naturalmente, condenan el acto terrorista del grupo revolucionario al tomar como rehenes no solo a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y a personajes del acontecer político de entonces, sino también a las llamadas “personas del común”  -esas que por cosas del destino trabajaban o se encontraban en el lugar, ignorando que serían protagonistas de la lamentable forma de proceder de algunos colombianos- en este caso de quienes ese día portaban las armas; daban las órdenes y las ejecutaban, ya fuera desde la Ley o en contra de ella.

La convulsión política que desde entonces como ahora, se vive en el país, se percibe en
Luis Fernando Hoyos
(imagen tomada de: m.pulzo.com)
una 
atmósfera bien lograda gracias a los componentes técnicos y narrativos que le dan vida a esta obra. La iluminación y el tratamiento del color crean un contraste tensionante entre ambientes cálidos y de relativa confianza que luego se cambian por la intriga que despiertan las imágenes de aspecto gris y frío. Algunos registros  dan la impresión de estar viendo la televisión de la década de los ochenta. Desde el principio somos asaltados por la intriga y poco a poco vamos descubriendo con desconfianza las actitudes opuestas que pueden tener dos integrantes de un mismo equipo. Nos encontramos con personajes que representan lo que se puede resumir de la siguiente manera: un periodista que encubre y un periodista que descubre e investiga; un militar guerrerista de oscuro proceder y un  militar patriota; un político oportunista e indiferente y un político ingenuo y al mismo tiempo víctima.

El montaje es otro factor fundamental en la emoción que genera esta historia. Desde el comienzo se adelanta lo que ya como testigos de nuestro país sabemos: la toma será un hecho. Sin embargo, la ágil secuencia narrativa con la que se avanza  hacia lo inevitable, pone al descubierto lo contradictorio; la paradoja que enfrenta la justicia cuando existe el negocio de la guerra, dejando de esta forma claro que la toma del Palacio fue algo anunciado.

Todo esto encarnado en las actuaciones de Luis Fernando Hoyos, Mónica Lopera, Jairo Camargo y Christian Tappan, entre otros, quienes de momento en momento nos sorprenden con diálogos excepcionales que dejan ver lo que subyace en nuestra realidad; haciendo una película con un trasfondo muy vigente en nuestra sociedad y urgente de atender por las actuales generaciones de colombianos.


(imagen de www.soopnest.com)
Antes del fuego hace en el cine uno de los más grandes homenajes a las víctimas de la toma del Palacio de Justicia. La película entrega valiosas pistas sobre el complot y sobre los distintos responsables quienes permitieron esa confrontación armada y su desastroso desenlace. También se convierte en una invitación a hacer uso libre de la desconfianza para analizar y reinterpretar una situación tan irracional como la que favoreció  que un grupo subversivo se tomara el Palacio de Justicia y que el Gobierno y el Ejército Nacional, en aras de tomar el control del lugar, no hicieran un alto al fuego para preservar la integridad de su propia gente, dando como resultado la muerte de más de setenta colombianos  y de otros más que desaparecieron sin dejar rastro.

jueves, 16 de julio de 2015

CARTA A UNA SOMBRA

(Análisis por Carlos Alberto Campos)


En Colombia existe cierta tradición que enseña a creer que las personas que asumen como propios los problemas sociales, que piensan y actúan motivadas por el bienestar colectivo, representan un inconveniente y hasta una amenaza hacia la amañada gestión que se establece como única y oficial cada vez que la bandera de cualquier color se ondea para llevar las riendas del Estado. Suelen suponer quienes piensan de esta manera, que estas personas no deberían compartir su mismo territorio, mucho menos cuando aquellos hacen públicos sus inconformismos, sus temores y sus dudas; eso es lo que algunos hacen creer desde el ejercicio del poder, valiéndose entre otras ayudas, de la voz de quienes ya convencieron de esta doctrina. Es la política mal entendida.

Esta  particular forma de difundir el conocimiento social se entrega y se recibe como herencia entre los pueblos que pretenden su desarrollo sin tener clara la utilidad del saber; entre quienes confunden el poder con la capacidad de destruir lo que no les ha de convenir; casi siempre dirigidos por seres que se preparan con precisión matemática para descontar del bien común el bien propio e individual, mientras se permiten reinar en una nación dividida por excelencia.

imagen de www.udea.edu.co/ 
La película documental recientemente estrenada en las salas de Cine Colombia, CARTA A UNA SOMBRA, permite compartir durante más de una hora las impresiones de una familia colombiana que en el pasado fue víctima de la intolerancia y de la maldad propiciada por este sistema de relaciones sociales: la familia de don Héctor Abad Gómez, su esposa, sus hijos y muchos a quienes en vida ayudó, que seguramente le estarán eternamente agradecidos. Esta familia, como tantas en el país, ha tenido que aprender a reconstruir su propia memoria con la intención de lograr un auténtico perdón. Algo que, aunque difícil, no ha de resultar imposible;  más aún cuando se trata de voltearle la cara a la violencia; una actitud necesaria para no ser nuevamente víctimas ni mucho menos victimarios; una forma de salir triunfantes de ese mundo absurdo al que de alguna forma se nos ha obligado a pertenecer a todos los colombianos.

Seguramente muchos saben quién era don Héctor Abad Gómez, otros lo conocieron desde la narrativa de su hijo Héctor Abad Faciolince en el libro El olvido que seremos, y otros lo pudimos encontrar al escuchar  su voz en este sentido homenaje que le hace el documental dirigido por su nieta, Daniela Abad y por Miguel Salazar.

Daniela Abad
imagen de www.jetset.com.co
Darse cuenta de que  un médico como don Héctor Abad Gómez, decidido  a utilizar el conocimiento con fines altruistas, empezó a trazar el camino que lo pondría frente a la mira de sus asesinos, por realizar acciones tan urgentes y heroicas  como informarle al Concejo Municipal que la leche que se le daba a los pobres en Antioquia se agrandaba con agua contaminada, es empezar a conocer al hombre de ciencia que vino a este mundo decidido a pensar y a actuar distinto.

A don Héctor Abad Gómez le advino  la tragicomedia del pensador: el que aprende a pensar, piensa distinto. Desde temprano decidió convertir la medicina en  algo  más que un prestigioso consultorio, un nombre o un estatus social. Por eso, convirtió su saber en  investigación para la sociedad y su ejercicio en activismo político. No se detuvo a hacerle la venia a ese  progreso, que desde entonces, como ahora, caminaba de la mano con la indiferencia hacia las cosas verdaderamente importantes, como preservar la vida y darle a todos los seres condiciones dignas para hacerlo.

banderaalreves
Imagen de yoamoacolombia.blogspot
Don Héctor Abad Gómez no dejó que el temor hacia los que predican el amor pero que administran la crueldad, lo detuvieran. Tuvo que enfrentar el facilismo de quienes propician que germine la ignorancia; cuyo discurso no va más allá de  alzar la voz para  señalar al que actúa diferente, y llevarse todos los aplausos. Ni siquiera fueron suficientes las ideologías que desde entonces se instauraron en el imaginario de los colombianos para poder entender a don Héctor Abad a quien desde las filas conservadoras lo veían como a un comunista, e irónicamente, desde las filas comunistas lo encontraban como un hombre bastante conservador. Y es que tal confusión solo es posible cuando estas dos ideologías tienen en común el bárbaro actuar que infligen cuando utilizan las vías de hecho. Es así como la izquierda y la derecha convergen en un mismo camino que se ha prolongado hasta llegar a nuestros días en los que, además, la política se hace no tanto con ideas, sino que se gestiona con mañas y negociadas estrategias en "fórmulas" de tarjetón.


Escribirle una carta a una sombra es un gesto fraternal que se traduce en la capacidad de aprender a entender y a vivir con lo insoportable; a habitar con  ello aunque se piense distinto y se actúe sin la intención de ser otro cómplice silencioso de los crímenes políticos que ejecuta la democracia falsamente vestida de seguridad. Se necesita  madurez para que la sabiduría encuentre lugar entre los hombres. Vivir y dejar vivir es aprender a aceptar que se puede estar tan equivocado como tener medianamente la razón y que ambas situaciones, por contrarias que parezcan, no deben llevar a nadie a buscar un ganador absoluto a punta de disparos, ni de calumnias, ni de propaganda oscura. 

lunes, 22 de junio de 2015

UN BAÚL CARGADO DE BUENAS INTENCIONES
(Carlos Alberto Campos)

La historia del baúl rosado, primer largometraje de la santandereana Libia Stella Gómez, protagonizado por Edgardo Román y Álvaro Rodríguez, es una película que logra mostrar, bajo la apariencia de una compleja historia policiaca, un universo de personajes comunes y muy característicos de diversos entornos sociales colombianos; esos entornos donde la gente se dedica a procurar, desde su cotidianidad, una oportunidad para demostrarse a sí mismos de lo que son capaces y hasta donde están dispuestos a llegar cuando descubren que no hay mayor misterio por resolver que revelar desde sí mismos aquello que le dará un nuevo sentido a su vida.

(tomado de programaibermedia.com)
Por eso, es inspirador encontrar un detective recto y dispuesto a ser intachable en su proceder, que quiere resolver un caso policial y que termina dándose cuenta de que lo que buscaba no era a un asesino sino un amor; un periodista  capaz de pasar por alto la ética de su profesión para ganar posición en un mundo que se informa con sus mentiras; un policía que se aprovecha de las circunstancias y del poder que le da la sociedad para impostar criminales a cualquier precio; y una mujer de finos modales, con muchas ganas de trabajar, que enfrenta un conflicto legal con los hijos de su difunto esposo quienes le reclaman un negocio que perteneció a su padre: un tradicional café donde, además, tiene que hacer frente a los  hombres que lo visitan; hombres que lideran un mundo en el que ella no encaja.

(tomado de programaibermedia.com)
Todos, transitando alrededor del misterio que guarda un baúl abandonado, impulsan  su deseo de conquistar el camino que cada uno ha elegido, y, como suele pasar en la cotidianidad, no importa qué tanto se pueda deformar la realidad para sentir estar cerca de esa conquista. Esta película logra mostrar, en un contraste de personajes con convicciones y actitudes contrarias, la inagotable lucha entre lo que se tiene y lo que se anhela.

Justo en esta situación se resalta el protagonismo de la mujer, representada por la actriz mejicana Dolores Heredia, en el papel de Martina, encarna la valentía y la decisión que  ha tenido que utilizar para sobrevivir y mantenerse de forma digna  en una sociedad enmarcada desde hace siglos en la ilusión de dominio y superioridad, falsamente ostentada por el hombre. Una situación tan vigente en  la actualidad como en los años cuarenta, tiempo en el que se ambienta La historia del baúl rosado.

Libia Stella Gómez
 ( tomada de http://www.dosdedosproducciones.com)
Gran película para el cine colombiano que pasará a la historia como un acto de valentía y decisión de otra gran directora como Libia Stella, quien armada  de   sensibilidad y acompañada de buen gusto, logra la complicada tarea de entregar una película de época a una sociedad como la nuestra, que necesita encontrarse a sí misma mientras se revisa en  novedosos relatos de cineastas que le apuestan a una experiencia fílmica de gran factura. Experiencia tan notable en esta película desde su casting, su propuesta narrativa, su musicalización y la  apuesta de su departamento de arte por ambientar la Bogotá de varias décadas atrás.

Gran parte de la mentalidad y la moralidad de la sociedad de entonces, supo guardarse en un baúl que a alguien se le ocurrió decir que era rosado y dejarlo abandonado en una estación de tren ante una multitud ansiosa por desnudar su contenido. Se dice que en el baúl venía el cadáver de una niña. En cierta ocasión, el detective Mariano Corzo (Edgardo Román) cree que va a encontrar al supuesto asesino de la niña y lo que encuentra es a un hombre que el único crimen que pudo haber cometido fue amar a una mujer menor que él; algo que aparentemente el detective Corzo jamás vivió con ninguna mujer, por lo que a esas alturas de su  vida, cuando el tiempo le demuestra su verdadero valor, no duda en subirse al tren donde se marcha Martina, la mujer que lo hizo sospechar sobre su capacidad de amar.

imagen de cinevistablog.com

domingo, 24 de mayo de 2015

EL ABRAZO DE LA SERPIENTE Y EL PRIMITIVO RELATO DEL CINE

Por: Carlos Alberto Campos  

El nativo se mueve por la selva cuidadosamente; él sabe que le han quitado algo, pero su conciencia le alerta  que aún le podrían arrebatar mucho más. Sus tierras, las tierras de sus ancestros y del universo han sido visitadas por hombres que no se comparan con las bestias y que desconocen  su territorio como desconocen el valor de la vida. La indeseable presencia de los visitantes y el color diferente de su piel se grabaron en la memoria del nativo como la imagen de un pueblo capaz  de hacerse daño a sí mismo y a sus semejantes; mientras transitan un camino de muerte, destrucción y  sometimiento que optaron trazar. 

(imagen tomada de elantepenultimomohicano)
Con el tiempo, para el hijo del Amazonas la tierra parecía ajena: las cosas ya no le hablaban, tampoco las piedras, ni los árboles le decían nada; porque los saberes que contenían las plantas y todo lo que existía, de repente, se habían convertido en la  mercancía de un pueblo invasor. Un pueblo para el cual  la ciencia, la ignorancia, la religión, el comercio  y el crimen,  hacían parte de una misma política que ahora se encargarían de extender por medio de su lengua; sus banderas; sus conceptos; sus armas y sus cristos.

Cuando las deidades de América transitaban por la selva, entre los indígenas, y por el espacio, con los espíritus, los demonios se abrieron paso entre los religiosos del catolicismo y entre los gobiernos, engendrando dos tipos de individuos que, por tradición heredada e infundada, se perpetuaron con quienes hoy día habitamos estas tierras. En aquel tiempo, como ahora, un pueblo entero podía sucumbir ante la palabra y el látigo  de un solo hombre. Sin embargo, también la nobleza de un solo hombre podía ser suficiente para transmitir el legado del conocimiento convertido en un don que favoreciera la vida de cualquier pueblo, logrando  reconciliar a los hombres con la naturaleza.

El abrazo de la serpiente, obra del arte cinematográfico,  de origen colombiano, no es una mercancía, y logra ser más que la joya de una corona. Es el resultado del trabajo consciente de un director y de una producción, motivados por conectar ese relato primitivo tan desconocido y tan olvidado por el público colombiano sobre su propia realidad; la realidad de su origen, y su repercusión en la situación actual, por lo menos en lo que a grupos étnicos, identidad y recursos naturales se refiere. Relato que sobrepasa los límites de la ficción y que pese a reflejar de alguna forma  algo que hoy día ocurre a lo  largo y ancho del país, es fácilmente silenciado por la inmediatez  de cuanto espectáculo permea el acontecer nacional: basta con seguir cualquiera de nuestros noticieros  para identificarlo.

La película, basada en las notas tomadas por los exploradores Theodor Koch-Grunberg, etnólogo de orígen alemán y el botánico estadounidense Richard Evan; quienes con 40 años de diferencia en sus travesías por la selva del Amazonas conocen al chamán Karamakate, se convierte en una interpretación de la relación de la cultura occidental con un mundo de saberes indescifrables encontrados en América. Esta vez, gracias a su director, Ciro Guerra, esta relación es concebida, no desde los mismos imaginarios occidentales ampliamente desarrollados por el cine y la televisión convencionales, sino descritos por medio del espíritu ancestral de los mismos nativos del Amazonas y por toda la luz de su universo, que como espectadores presenciamos  en la oscuridad de la sala de cine.

Imagen tomada de www.14ymedio.com 
Ciro Guerra sigue su camino reconstruyendo hombres y mitos e historias en el cine colombiano: ya lo hizo con La sombra del caminante (2004); con el juglar vallenato en Los viajes del viento (2009), y ahora lo logra una vez más con uno de los últimos guardianes de la selva en El abrazo de la serpiente, desde esta semana en cartelera en las salas de Cine Colombia.

Desde que el cine colombiano dejó de apostarle al lenguaje televisivo como única vía para atraer público a las taquillas y  recuperar la enorme inversión económica que implica hacer una película, hemos avanzado a pasos colosales en el encuentro y desarrollo de nuestras propias narrativas. Esta ‘nueva’ forma de concebir la cinematografía nacional no es reciente y ha sido demostrada por obras que apenas han pasado por las salas de exhibición del país pero que al igual que El abrazo de la serpiente se han llevado todos los elogios y reconocimientos por públicos extranjeros. Esta película ha sido catalogada como una de las diez mejores películas del festival de Cannes, evento en el que, luego de  recibir la ovación de diez minutos por parte de los 1.500 espectadores que vieron su estreno el pasado 15 de mayo, recibió el Premio Art Cinema Award a mejor película en la Quincena de Realizadores,  dada la calidad y el empeño que le imprimen sus realizadores por compartir con el mundo las verdaderas obras de arte del cine colombiano.


Que esto se ponga en duda o no, ya es un asunto de gustos, aunque en  algunos casos, para reconocer los logros de  nuestra cinematografía, la condición es de estar o no bien informados…

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LO QUE MATEO LE ENSEÑA AL CINE COLOMBIANO

LO QUE MATEO LE ENSEÑA AL CINE COLOMBIANO

Por
Carlos Alberto Campos Tapias

Aunque todavía tiene vigencia por estas tierras la discusión sobre la verdadera función, o mejor, la discusión sobre la  utilidad del relato cinematográfico, se comenta  en algunas aulas que al cine  le es posible educar, y es claro que en muchos casos lo intenta; mientras que a la vuelta de la esquina gritan con total seguridad que el cine es solo un asunto de entretenimiento. Sea cual sea la mejor oferta que la discusión nos plantee, a la sala de cine nos acercamos con el  tiquete en la mano, buscando por lo menos  una cosa concreta: que la película nos entretenga. Sin embargo, también vamos como observadores conscientes: entramos a la sala tentados a encontrar algo  que nos cuente con sus palabras, y no con las nuestras, eso que desconocemos de la vida. Asistimos a la función corriendo el riesgo que queremos correr: desafiar una pieza de arte audiovisual a que nos rete a descubrir alguna forma diferente de asumir la vida.

Mateo es el primer largometraje de la directora María Gamboa. Es una película que se ofrece como una experiencia digna de ser vista. Esto es algo que va más allá de la campaña de mercadeo que se genere para promocionar una obra, y que considero, sólo es posible  cuando la misma tiene un mensaje claro. En el caso de Mateo el mensaje es claro y urgente de ser compartido. Esta es una película colombiana pensada para el público colombiano; una verdadera experiencia, pocas veces lograda en las salas de cine comercial: saber conjugar múltiples funciones del relato cinematográfico: difundir el mensaje de que es posible una educación diferente, mientras somos testigos frente a la pantalla de un completo drama -como el que vivimos en la sociedad colombiana-. Experiencias que se desarrollan en medio de un relato, sin duda, entretenido de principio a fin.

Mateo es la vida de un adolescente y al mismo tiempo la de una sociedad que está aprendiendo a descubrirse. A Abrirse paso en un mundo que por tradición parece invitar a  pasar por encima de lo que sea y a 'eliminar' cualquier obstáculo sin importar a quien pueda afectar. Un mundo difícil donde la principal premisa  es vivir de acuerdo al facilismo. Precisamente la película nos propone todo lo contrario cuando nos presenta a un joven a quien el destino, ese  destino que acostumbramos culpar, le tiene reservada la violencia como modo de vida; pero también le queda otro destino: ese que cada uno de nosotros sabe que puede construir y que solo tiene lugar cuando somos capaces de tomar decisiones siguiendo el consejo de nuestro corazón. Mateo sin saberlo se convertirá en actor, y con ello aprenderá a vivir su propia realidad. Es impactante ver cómo el talento logra imponerse sin mayores pretensiones que la de ser lo que somos.

Esta  película logra ser lo que es, contando con la participación de Un grupo de teatro; varios actores no profesionales y una cámara que tiene toda la intención de destacar el espíritu humano, en medio de movimientos constantes entre un hecho y otro. Un sacerdote que sabe trabajar con realidades, y que lo que le enseña a los jóvenes resulta ser más práctico que cualquier sermón dominical. Un grupo de violentos quienes al final tendrán que aprender a  soportar que sus víctimas no les temen más.

Quienes visitamos las salas de cine para ver a Mateo, con la expectativa de reconocer y apoyar la ópera prima de una nueva directora nacional, y con el interés de disfrutar una obra rodada en una locación tan cercana a la nuestra, y de apreciar la participación de algunos compañeros de nuestra etapa de formación académica, salimos del cine con los ojos muy abiertos, gracias a una experiencia que iluminó nuestros corazones. Su relato, su tratamiento, la calidad (y la calidez) de sus actores, todo el notorio trabajo de su equipo de producción; toda esa sensibilidad explorada y retratada en un lenguaje sencillo y directo, muy cercano al espectador, son de las muchas cosas más que me permito aplaudir, dejando claro que Mateo ha construido un lugar privilegiado en el mundo y en el, a veces tan cuestionado, cine colombiano.

domingo, 24 de agosto de 2014

HACER CINE COMO UN DEMENTAL

HACER CINE COMO UN DEMENTAL

Por: Carlos Alberto Campos Tapias


En Colombia se ha vuelto común hablar de cine por estos días. También sobre él se escribe; se menciona cuando de festivales nacionales e internacionales se trata y se toma con encanto la noticia de otra película colombiana que recibe galardones en latitudes donde creemos que el cine se aprecia de manera diferente. Esto último se ha convertido en algo que refuerza la tradición que bien mantenemos viva en nuestro país de que "nadie es profeta en su propia tierra", pero también esto último se condiciona cuando suceden cosas tan extrañas en la cartelera de cine nacional, como lo sucedido durante este  fin de semana , cuando se conoció que la película Demental del joven director colombiano, David Bohorquez, se queda en cartelera por lo menos una semana más y este sólo es el caso de la ciudad de Bucaramanga.

Demental es una historia sencilla, que a pesar de utilizar situaciones y  lugares comunes con los que el cine norteamericano de terror ha adoctrinado las mentes consumidoras de séptimo arte en el mundo entero, tiene más de un componente que la hace única, grande y contradictoriamente innovadora. Puede que se trate de un asunto estético y/o narrativo; puede que la situación sea más sencilla de lo que se cree, y que se trate de una película que propone con claridad algo que va a pasar y que rápidamente da pistas de que la situación se resolverá y se va a conocer gracias a la misma película -fórmula bien conocida dentro del cine comercial- o como se le quiera llamar. Pero no, lo de Demental es uno de esos casos en los que la cinematografía de un país es testigo del parto de un nuevo narrador, de un estilo propio, de un nuevo director y por qué no, de lo que podría ser un "nuevo" código para el cine nacional.

Pero en medio de tanta repetición ¿qué podría ser lo nuevo? Demental es una película de resultados: realizada por un director  que no necesita experimentar toda la historia del cine para buscarse un lugar en el pedestal del "cine arte" o del "cine de autor" y sin embargo, logra aprovechar su vida y su talento para hacer lo que le gusta: hacer cine. Cine de ese que se puede hacer con treinta millones de pesos, que se puede grabar en 7 días y en el que, cuando el espectador se queda hasta el final de la película, encuentra con emoción al leer  los créditos, más de una vez el nombre del director en distintos roles de producción, así como a otras personas del  equipo en la misma situación. Este sentimiento se maximiza cuando se descubre además que varias de las personas del equipo de realización llevan su mismo apellido. Esta película es un desafío de alguien que le apostó no sólo a saber,  a estudiar o escribir sobre cine; este es el desafío de alguien (de muchos) que se propusieron a llevar desde su imaginación hasta la pantalla, una película a la cartelera nacional, y es más que claro que lo lograron.

Demental continuará en cartelera una semana más y puede que logre una tercera. Hay que aprender a impresionarse y a saber porqué, cuando se tiene una obra de estas características en un cine cerca de casa. Por mi parte la encuentro fascinante y me quedo en la sala luego de saber, en pocos minutos, que es lo que va a pasar en la historia y también saber con casi total seguridad como pasaron las cosas. Pero algo me dice que estamos frente a una obra de un director arriesgado que nos quiere mostrar que las cosas no siempre son como parecen, ni siquiera en este cine que  algunos descartan porque  parecería estar diseñado sólo para entretener. Nada es como parece en Demental.

Demental se convierte de alguna manera en una lección para quienes reclaman historias diferentes en el cine colombiano, y al mismo tiempo en una lección para quienes impedidos por los prejuicios, no se atreven a proponer, haciendo ver como nuevo en nuestro país lo que sólo le permitimos hacer a los norteamericanos.
Su musicalización está hecha con la misma pasión que la parte visual y con tanta (ir)responsabilidad, que en algunos momentos me hacía recordar algunas cintas de Ospina y Mayolo y hasta del 'Loco Pinilla'.

Los invito a disfrutar de la segunda semana en cartelera de Demental, por mi parte esperaré la segunda película de David Bohorquez, así como espero una nueva  película de los hermanos Orozco.




martes, 5 de agosto de 2014

                                                            SIN "TIERRA EN LA LENGUA"


                                                              Por: Carlos Alberto Campos


Con palabras tomadas de sus propias vivencias, el cineasta colombiano, Rubén Mendoza, manifestaba al periódico El Espectador de donde viene el título de su más reciente película 'Tierra en la lengua': "Esa sensación me parece un fastidio del que hay que desprenderse", y lo decía recordando aquellos años de su infancia, cuando en el Casanare, acompañado por sus abuelos, era testigo de la impotencia y el dolor de los becerros que ayudaba a sujetar, para que un herrero marcara sus pieles con un hierro ardiente; los animales sacaban la lengua y la arrastraban por la tierra seca.

Y es que, si de vivencias se trata, para el director de 'La cerca' y de 'La sociedad del semáforo', fue fundamental la experiencia de su niñez en las bravas tierras del llano, lugar  donde toma forma este nuevo relato y sobre el cual considero, se trata de  una historia que  no valdría  la pena desfigurar con palabras; mucho menos con las de un cinéfilo. Por esto la única forma "legal" de entender esta saga es disfrutándola directamente de la pantalla.

Sin embargo, es para mi necesario aclarar que 'Tierra en la lengua' puede traer a la memoria de los menos jóvenes, esa sensación de temor y autoridad que los abuelos suelen (o solían) inspirar. En la película, casi como en la vida misma, ese temor y autoridad que infundieron algunos, y que para fines prácticos, nuestros padres nos acostumbraron a llamarle respeto, se complementan con la máxima expresión de ternura que acostumbran tener los ancianos al mismo tiempo. Esto lo sabemos todos los que somos o hemos sido nietos de alguien.

Esto es tan claro en 'don Silvio', el protagonista de la película, quien es el abuelo que ha vivido tanto que ya ni la muerte le asusta. Él es un vivo representante de la cultura patriarcal y machista que tanto sobresale en estas latitudes,  que en el caso concreto de Colombia, se acabó de formar en la escuela de la "época de la violencia" Son tantas las cosas que don Silvio ha hecho en la vida, que ahora tiene que dedicarse a las que va a hacer en la muerte. Por eso cree contar con sus nietos, los únicos que habrían de tener el talento para asistirlo con su intención de partir por su propia cuenta y que para lograrlo recurrirá a la tierna expresión del chantaje.


Pero sus nietos tienen su propio talento, tanto como para hacer un homenaje al "combatiente revolucionario armado" que se empeña en manchar con sangre los designios de la historia. El nieto de 'don Silvio' interpreta una canción frente a unos subversivos que visitan a su abuelo para extorsionarlo, y con el más sentido de los respetos por la causa, los invita mejor a ocuparse de los placeres del amor y de la carne: una forma distinta de ver la guerra. Estos muchachos no se parecen mucho a su abuelo, pues aunque para él, con un poco de sinceridad serían unos "buenos para nada", para quienes estamos al margen de justificar los comportamientos violentos, ellos son la diferencia;                                                                                         además, son unos "artistas".


Tierra en la lengua es una historia que marca la diferencia. Es el principio del fin, pienso. Es una forma de anticipar lo que ha de ser el último capítulo en la vida de aquellos que se creyeron dignos de heredar una guerra. Una guerra que se extiende desde los rincones más incomprensibles de la política, la economía o la religión, hasta las mas entrañables situaciones familiares donde era un "deber" golpear a la mujer o a los hijos.

Puede que la violencia no termine nunca y que, como dicen por ahí, siempre haya existido. Pero la vida de 'don Silvio' termina de la misma forma en la que adquirió su sentido. Eso sí, con todo el absurdo del mundo que puede tener empuñar un arma. Mientras tanto, sus nietos y algunos otros  talentosos "desocupados", grandes e incapaces jóvenes artistas, quedan en la tierra sin la menor intención de derramar más sangre y sin siquiera saber que será de sus vidas. Afortunadamente.

Seguidores