Cada intento es por vivir
Muchas personas reconsideran sus vidas frente a la
pantalla. Es inevitable que la oscuridad y el distanciamiento del ruido que se
viven al interior de la sala de cine propicien una curiosa abstracción de la
que más o menos somos conscientes, mientras que allí, sin movernos de nuestros
asientos, nos convertimos en otros sin que nadie más lo note.
El cine, ese espejo fantástico que refleja la realidad
de manera análoga a como la conoce el espectador, asalta la percepción desde un
sinnúmero de dualidades, unas veces contradictorias y otras veces
complementarias. La fascinación o la repulsión que puede generar una película remueve
sentimientos donde indistintamente se anhela estar en la situación del personaje
que aparece en escena o, por el contrario, se experimenta una especie de alivio
por no correr su misma suerte.
El cine documental construye su discurso convirtiendo
la información en sorpresa. Su narrativa se trasforma en motivación y se
conecta directamente con el espíritu, fundando un lugar en la conciencia donde el
relato y el espectador se regocijan al transferirse entre sí parte de su significado.
Es allí cuando el arte manifiesta su utilidad, al tiempo que testifica su
trascendencia.
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Las bravas es el primer largometraje documental de la santandereana
Diana Ojeda, quien a través de su mirada nos muestra durante noventa
minutos lo trajinosa que puede ser la libertad cuando se es mujer y se carece
de privilegios. Participar con una voz propia en el mundo del barrismo, —confrontando
la injusticia originada por el machismo— es una carga adicional cuyo peso desafía a estas mujeres a ser más leales consigo mismas para poder convertir sus ideales en
acciones.
Lo persuasivo de su imagen, producto de una cotidianidad retratada con sencillez, nos introduce en un goce visual casi sin darnos cuenta, porque ante todo seguimos atentos a las vivencias de sus protagonistas. El diseño sonoro, gracias al efecto que identifica las "voces en off", nos hace recorrer la distancia que hay entre sus apariciones en cámara y lo que no vemos, pero sentimos: sus conciencias.
Las bravas es una película documental que comparte con el mundo una realidad de Bucaramanga, donde hay mujeres que quieren hacer suya la pasión por el futbol sin que nadie tenga que darles permiso para hacerlo. Es la historia que describe a una ciudad que, cuando no se aleja de algo con indiferencia, se acerca y le habla a los gritos.
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